PEI

PROYECTO EDUCATIVO INSTITUCIONAL (PEI)

El texto que se muestra a continuación representa nuestro proyecto educativo. Éste guiará nuestro quehacer educativo, tanto como institución pedagógica, cuerpo docente, auxiliares de párvulos, auxiliares de aseos y comunidad participativa. Se materializará en nuestro quehacer diario, frente a nosotros y nosotras, frente a nuestros y nuestras niñas. Entendemos que este proyecto pedagógico y educativo deberá convertirse en nosotros y nosotras, educadores y educadoras, en nuestro modo de ser, vivir y sentir.

Tal como señala el biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana, “el educar se constituye en el proceso en el cual el niño o el adulto convive con otro y al convivir con el otro se transforma espontáneamente, de manera que su modo de vivir se hace progresivamente más congruente con el otro en el espacio de convivencia”. Frente a la preguntá “¿qué es educar?”… Como vivamos, educaremos, y conservaremos en el vivir el mundo que vivamos como educandos”.

Sin ser así, sin tener esta alta congruencia, no sería posible poder efectivamente cumplir en el mayor grado posible con los objetivos específicos y generales planteados, y por ende con todo nuestro PEI.

Nuestro Proyecto Educativo Institucional es que los niños y niñas logren construir sus propios aprendizajes, los asuman como propios y se sientan protagonistas de lo que están aprendiendo. Entendemos que “la educación se produce como un proceso de transformación de los niños y la niñas en su vivir junto con los maestros, y que esto se produce de modo tal que los profesores con su vivir el dominio de coherencias relacionales en relación con las cuales los niños se transforman en el proceso de crecimiento como seres humanos (…) La creación del espacio relacional en el que los niños pasan a ser seres humanos responsables y socialmente conscientes, respetándose a sí mismos, es la tarea central de la educación”.

Todo lo que ellos logren construir a través del proceso de aprendizaje–enseñanza será organizado en cuatro pilares, divididos en ocho dimensiones.

Los pilares que hemos tomado como ejes centrales son los planteados en el texto “La educación encierra un tesoro”, nombre del Informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, presidida por Jacques Delors (1997), que serán expuestos, explicados y argumentados  a través de otros autores que también tocan los temas en profundidad, y que son los siguientes:

  • APRENDER A SER
  • APRENDER A HACER
  • APRENDER A CONOCER
  • APRENDER A CONVIVIR O VIVIR JUNTOS.

Asimismo, cada pilar es analizado en ocho dimensiones:

  • FAMILIA / COMUNIDAD
  • DIVERSIDAD
  • AUTONOMIA
  • CORPORALIDAD
  • ESPIRITUALIDAD
  • MUNDO NATURAL
  • IDENTIDAD
  • AUTOESTIMA

APRENDER A SER

El aprender a ser es, sin duda, una las construcciones más complejas e interminables en la vida.  Es un aprendizaje que se construye durante toda la vida, ya que en cada circunstancia, con cada hecho nuevo y con cada relación nueva en nuestras vidas, nuestro ser va cambiando. Eso es lo maravilloso de la vida misma. Cada segundo uno madura, crece, retrocede, cree en algo y deja de creer en otras cosas.

Es por esto mismo que consideramos primordial que, como educadores del área  parvulario o del primer septenio, nos dediquemos a enseñar a construir ese aprendizaje de cómo uno va cambiando, cómo reconocerlo y cómo adaptarse a esos cambios, cómo provocarlos, cómo no asustarse, el qué significa esto de ser en esta sociedad que no se preocupa mucho de esto, sino más del hacer.

El “aprender a ser” es hacerse cargo de que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Creemos que el hombre más libre es aquel que pone sus cualidades, dones y talentos al servicio de los otros, con alegría y desprendimiento. Y eso es fundamental para poder relacionarse con los otros y otras en una vida comunitaria y familiar.

Es por esto que consideramos que la educación debe contribuir al desarrollo global de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual y espiritualidad (Delors). Creemos que todos los seres humanos deberían, a través de la construcción de su educación, dotarse de un pensamiento autónomo,  crítico y de elaborar un juicio propio. Esto es parte del ser.

Es importante el reconocimiento y el cuidado del cuerpo para facilitar el desarrollo pleno de la persona. La autonomía también toma relevancia en la medida que los niños y niñas se van dando cuenta de la responsabilidad de sus acciones.

En este sentido la autoestima también toma un rol significativo, ya que la persona, al hacerse cargo de sus acciones, también le otorga sentido a la valoración que tenga de sí misma.

La familia y la comunidad son parte de la construcción de la identidad de los educandos, y por ello también contemplamos tales dimensiones. Además, al acercarnos al mundo exterior, podemos vivenciar la diversidad que nos rodea, valorando así las diferencias  y heterogeneidad más que la homogeneidad.

Por otro lado es de nuestro interés considerar el respeto por la tierra, porque si bien el ser humano es y se conforma estando con los otros,  igualmente se desarrolla en un medio ambiente. Por tanto no podemos ignorar  la sensibilidad de las culturas ancestrales en cuanto a su expresión ampliada de la vida en comunidad, descartando la idea de que la estructura social es únicamente conformada  por humanos. Visto así, esta cosmovisión afecta profundamente al desarrollo del ser humano y su filosofía de vida.  De igual modo, la espiritualidad nos aporta una visión integradora del ser humano, incorporando los diferentes ritos o costumbres que nos entrega nuestra cultura para enriquecer nuestro ser.

APRENDER A HACER

El “aprender a hacer” lo entendemos no sólo como el aprender hacer las cosas.  Es el también aprender a tomar la iniciativa en las acciones y en la toma de decisiones, tener creatividad, saber resolver nuestros propios problemas, ser perseverante y lograr tener una atención continuada.

Esto del “aprender a hacer” permite que los niños y niñas puedan influir sobre su propio entorno a través del compartir de sus  nuevos conocimientos.

Creemos que el uso de la imitación es primordial en la construcción de los aprendizajes en la edad infantil. Los niños y niñas deben jugar a cocinar, se deben disfrazar y  jugar a convertirse en padres y madres, reyes y magos. Cantar, pintar y colorear es parte de este proceso.

A través de canciones y poesías aprenderán también a disfrutar del idioma, a jugar juntos. Otras acciones son escuchar cuentos, ver teatros de títeres, amasar el pan, hacer sopa, modelar con cera, construir casas con bloques, cajas, telas y maderas. Entregarse plenamente a tales actividades es la mejor preparación para la vida: desarrolla la capacidad de concentración, la motivación y un duradero amor por el aprendizaje.

En el “aprender a hacer” podemos experimentar de forma concreta el reconocimiento y el cuidado del cuerpo. Por ejemplo, jugando a cocinar, al contemplar la higiene en la preparación de alimentos, al disfrazarse o al explorar su cuerpo de diversas maneras.

La autonomía, por su parte, se acrecienta en el hacer casi por añadidura, es decir, que mientras me hago cargo de mis acciones estoy ejerciendo autonomía. Asimismo, una autoestima sana (sentirse bien consigo mismo, apreciar el propio valor y estar orgullosos/as de las capacidades, habilidades y logros) se incrementa en la medida que ejerzo esas capacidades y habilidades en el “aprender a hacer”.

Si la familia/comunidad participa activamente con los educando,  se alcanzará una experiencia real  en el “aprender a hacer”. Por ejemplo, un grupo de jubilados puede cooperar en la creación de material didáctico, y aportar con su experiencia en el enriquecimiento del bagaje cultural de los educandos. Asimismo, nos entregan herencia cultural, como ritos, costumbres, etc. Esto mismo conlleva el fortalecimiento del desarrollo espiritual de los niños y niñas.

Desde la diversidad se generan variadas  experiencias con el mundo, es decir, que a partir del “aprender a hacer” en diversidad se aprecian múltiples puntos de vista, que sin duda enriquecen la práctica de cada educando. En esta misma dinámica podemos encontrar el respeto por la tierra, o sea visualizar este valor como un factor más que nos afecta en el aprendizaje del entorno. Es importante que en muchas actividades que hagan los educandos esté presente esta visión de mundo.

APRENDER A CONOCER

El “aprender a conocer” es el construir aprendizajes para aprender a comprender el mundo que nos  rodea y construir los suficientes aprendizajes que nos permitan vivir con dignidad. El incremento del saber nos permitirá, y permitirá a los niños y niñas, comprender mejor las múltiples facetas del propio entorno y favorecerá su propio despertar individual.

El “aprender a conocer” facilitará lograr la gran maravilla que es poder emprender la comunicación con los demás, ya que podemos entablar relaciones desde un mismo código. También posibilita comprender mejor las múltiples facetas del propio entorno, favorece el despertar de la curiosidad intelectual, estimula el sentido crítico y permite descifrar la realidad. El poder descifrar la realidad en el que uno o una está inmerso o inmersa, permite que se pueda  adquirir al mismo tiempo una autonomía de juicio.

El “aprender a conocer” supone como primordial labor el guiar para “aprender a aprender”, ejercitando la atención, la memoria y el pensamiento, desarrollando la deducción, la creación de hipótesis y el interés por el aprender. Además fortalece la curiosidad intelectual y el conocimiento a través del descubrimiento, para incrementar el saber de las múltiples facetas del entorno y estimular el sentido crítico.

Tanto en la enseñanza como en la investigación, se articularán dos métodos, el deductivo y el inductivo, entendiendo que son medios para comprender y acercarse al mundo.

Debemos recordar que los niños y niñas pequeños/as están totalmente entregados a su entorno físico. Absorben el mundo básicamente a través de sus sentidos y responden con la forma más activa de conocimiento: la imitación. Esta es la capacidad de identificarse con el entorno inmediato a través de la voluntad activa de ellos y ellas. Por lo tanto, será un método primordial y muy usado en nuestro método aprendizaje-enseñanza.

La familia y la comunidad son parte del mundo que vamos conociendo y aprendiendo. Por ello, en el “aprender a conocer” es inevitable que estos afecten el aprendizaje. En este sentido, pretendemos la participación activa y efectiva de estos dos entes.

Si pensamos el aprendizaje desde la diversidad se deben considerar los siguientes factores:

  • Diversidad de estilos de aprendizaje.  No todos los educandos aprenden de la misma manera, por lo que es necesario observar esa diversidad.
  • Diversidad de capacidades para aprender.  No todos los educandos aprenden lo mismo en los mismos tiempos ni con la misma facilidad. Distintas áreas, materias y contenidos son más asequibles para algunos educandos que para otros.
  • Diversidad de ritmos. Tanto en el ritmo del trabajo como en el de aprendizaje hay diversidad de ritmos.
  • Diversidad de intereses, motivaciones y expectativas. 
  • Pertenencia a diversos grupos sociales, étnicos, etc.

La autonomía se desarrolla en el “aprender a conocer”, porque desde que uno se acerca al mundo, cuando lo explora, lo conoce, etc., la autonomía progresa en tanto su hacer se concrete y se practique.

Por su parte, la autoestima se fortalece en la medida que pongo en práctica mis habilidades y capacidades. De esta forma, la autoestima se desarrollará plenamente.

La corporalidad en el “aprender a conocer” se debe desplegar en diferentes dimensiones del conocimiento del propio cuerpo: conocer el cuerpo, descubrir las cualidades del cuerpo (forma, tamaño, textura, temperatura), funciones de las diferentes partes del cuerpo, sonidos y ritmos del cuerpo, identificar diversos aromas, movimientos con el cuerpo (reptar, rodar, bailar, saltar), etc.

Al momento de educar también hay que tomar en cuenta la espiritualidad e identidad de cada educando, entendiéndose que ambas son producto de una cultura determinada.

Para el desarrollo del proyecto además es relevante la relación entre el mundo natural y el “aprender a conocer”. El “aprender a conocer” el mundo natural está relacionado con la vinculación al medio ambiente, a través de la plantación de árboles, plantas, flores y el cuidado de éstas. Además de promover el reciclaje, una relación positiva con el medio ambiente incluye el uso de todo el material que esté disponible (semillas, tierra, etc.) como material didáctico.

APRENDER A CONVIVIR O A VIVIR JUNTOS

Este concepto se refiere al establecimiento de relaciones interpersonales con las distintas personas con las que la niña y el niño comparten, desde las más próximas y habituales que forman su sentido de pertenencia hasta aquellas más ocasionales, regulándose por normas y valores socialmente compartidos.

Se espera potenciar la capacidad de la niña y del niño de establecer relaciones de confianza, afecto, colaboración, comprensión y pertenencia, basadas en el respeto a las personas y valores de la sociedad a la que pertenece. La meta del proyecto es el desarrollo de la comprensión del otro y la vivencia del respeto a los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz.

El eje familia/comunidad incide significativamente en el “aprender a vivir juntos”. Nos parece necesario que el educando no sólo ejerza relaciones con sus pares, sino en su convivencia con la familia y la comunidad se genere aprendizaje formal. La participación de la familia en el aprendizaje nos ayudará a reconocer sus formas de vida o filosofía de vida, para de ahí lograr aprendizajes efectivos dentro de su propio entorno.

Por otro lado, la familia puede aportar con material didáctico y con la estimulación necesaria y pertinente a la edad de los educandos. Asimismo, la comunidad es parte importante en el aprendizaje, porque sin los integrantes de nuestra comunidad no se construiría un adecuado aprendizaje de los otros. Es por ello que en este sentido incluiremos a la comunidad dentro de nuestro proyecto. Se concretará, por ejemplo, en actividades con personas mayores (jubilados) de la comunidad. Ellos nos podrán contar sus historias de vida, sus experiencias, la historia de Chile mirada desde el adulto. También nos podrán aportar con la recolección de material didáctico.

“Aprender a convivir” implica la toma de consciencia de semejanzas, diferencias y la interdependencia que existe entre los seres humanos. Así, la diversidad desempeña un valioso rol en la cultura escolar.

En la convivencia además se desarrolla la autonomía, relacionándose con las personas del entorno con una actitud de colaboración, tomando conciencia ante situaciones sociales de injusticia, etc.

Para construir una buena convivencia, se debe partir desarrollando una buena autoestima en los niños y niñas, ya que de esta manera los educandos pueden enfrentar de mejor manera los desafíos que se le pueden llegar a presentar en diferentes situaciones, tanto en el interior del hogar, como en la escuela y el entorno que lo rodea.

Las personas nos relacionamos y comunicamos a través de nuestros cuerpos. Comunicamos emociones y sentimientos no sólo con palabras, sino también con gestos.  Por lo tanto, es muy importante que los niños y niñas aprendan a tomar “consciencia de sí mismos”, mediante el conocimiento de su cuerpo y de lo que se transmite a través de él. Desde esta perspectiva es significativo respetar y valorar el cuerpo de los otros.

La espiritualidad se desarrolla de mejor manera en tanto escucho al otro, respeto sus tendencias religiosas o formas de cosmovisión. Así de desarrolla una mirada integradora y pluralista de la espiritualidad de cada educando.

El “aprender a vivir juntos” incluye la aproximación con el mundo natural y fortalecer el respeto por el medio ambiente. Esta idea sin duda que le da sentido al ser integrado que queremos construir en nuestro proyecto: niños y niñas viviendo y conviviendo en paz y en armonía con el mundo natural que los rodea.

En el desarrollo de la identidad también contemplamos el “aprender a vivir juntos”. Es inevitable que mi identidad se construya con la identidad de los demás (con los que están cerca de mí). Por ello pretendemos fortalecer ese lazo, es decir, construir identidades integradas. Esto implica aceptar, tolerar y valorar la identidad del otro.

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